LOS SIETE CONTRA TEBAS: LA TRAGEDIA Y EL PODER

 

Por: Jonathan Fortich

@fortich79

@MusaParadisaca3

 

Un explorador informa a Eteocles, rey de Tebas, que ha visto a siete jefes militares organizando una invasión a la ciudad. La hueste enemiga avanza. El monarca reprocha al coro de tebanas sus lamentos y decreta pena de muerte para quien no obedezca su mando.  El coro canta el avance del enemigo y la defensa de los ciudadanos. Un mensajero le informa a Eteocles los nombres de los jefes que atacan cada puerta de la ciudad; uno de ellos es su hermano Polinices. El rey se lamenta por el destino de su raza y marcha a luchar contra su hermano. El Coro canta sus temores. Un mensajero llega a informar que los invasores han sido derrotados y que Eteocles y Polinices han muerto en el combate. Antígona e Ismene llegan cantando con el cortejo fúnebre que acompaña los cuerpos de sus hermanos. Un heraldo anuncia que el consejo del pueblo ha decidido que se sepulte a Eteocles y que Polinices sea arrojado fuera. El Coro se divide acompañando a los cortejos.

 

Esquilo

Esta obra, compuesta por Esquilo, que se llama Los siete contra Tebas es uno de los documentos de poesía dramática más antiguos que conservamos. La tragedia griega es una de las primeras expresiones teatrales que se desarrollan en lo que nos hemos acostumbrado a llamar Occidente. De acuerdo a la tradición, el teatro griego comienza en el 534 a.n.e. bajo el gobierno de Pisístrato, en la celebración de las Dionisias, un gran festival que se realizaba en Atenas en honor a Dionisos, el dios del vino. Se dice que en esa ocasión Tespis, un cantor de ditirambos (himnos compuesto en honor a Dionisios), no recitó versos como él mismo sino interpretando un personaje dentro de un tipo de composición que hoy llamaríamos obra teatral. A partir de esto, Tespis recorrería la región en su carro lleno de vestuarios, máscaras y utilería ejerciendo de manera ambulante el oficio del teatro.

 

La palabra tragedia (τραγῳδία) quiere decir literalmente “canción de los machos cabríos”. No hay una explicación definitiva de este término. Algunos dicen que un macho cabrío fue el premio que recibió Tespis en su primera presentación como actor (hypokrites). Lo cierto es que partir de aquel evento, las Dionisias (que se hacían al comienzo de la primavera) se convirtieron en uno de los eventos más importantes de Atenas, particularmente por la presentación de tragedias, que ocupaba tres días de la celebración. Cada uno de esos días, un poeta presentaba un programa compuesto por tres tragedias y un drama satírico, que no necesariamente debían tener una continuidad entre sí o un contenido común. Al final, los poetas eran premiados por un jurado.


Máscara de Dioniso

 

La actividad teatral se desarrollaría en Atenas como parte de las Dionisias hasta el siglo II a.n.e. Sin embargo, sólo nos sobreviven treinta y tres tragedias de tres autores: Esquilo, Sófocles y Eurípides. Este breve corpus desarrollado en una pequeña ciudad-estado del Mediterráneo, configura nuestras única evidencias de un género cuya influencia nos llega hasta hoy; por ejemplo, cuando calificamos de “trágico” un hecho doloroso.

 

En los días de teatro de las Dionisias, las gentes libres de Atenas que asistían al teatro (θέατρον: “un lugar para ver”) escuchaban y veían representadas acciones dolorosas ocurridas a héroes y reyes de un pasado mítico (De las tragedias que nos sobreviven, sólo Los Persas se refiere a hechos y personajes del pasado reciente). La representación de esta acción debía mover a los espectadores al horror y la compasión hasta llegar a experimentar la catarsis (κάθαρσις) o “purificación”, ese efecto liberador que experimentamos al llegar al final de un drama.


Teatro de Dioniso. Atenas

 

Aparte de sus aportes estéticos que marcan la cultura universal hasta el día de hoy, la tragedia ática y el teatro en general cumplían un papel político muy importante. El horror y la compasión que inspiraban las desgracias de los héroes de antaño educaban para asumir el comportamiento de un sistema político muy diferente a las asambleas de los poemas homéricos. La tiranía de Pisístrato puso fin a la democracia ateniense. La vida política se hizo cada vez más compleja y las experiencias bélicas siguientes, como las guerras médicas o las guerras del Peloponeso, exigían un pueblo unido alrededor de sus líderes. Si el ejercicio del poder generaba tensiones en la comunidad, estas eran purificadas por la catarsis.

 

Los siete contra Tebas es una obra sobre el destino que se impone sobre la ambición y la arrogancia de los poderosos. Para el momento de su representación habían pasado doce años desde que atenienses y espartanos derrotaron a los persas en la batalla de Platea, eran la fuerza militar dominante en el Mediterráneo y Cimón cosechaba victorias en sus aguas. Era el comienzo de un período de prosperidad cuyos resultado es un conjunto de saberes que sentaron las bases de la ciencia y la filosofía, marcaron el desarrollo posterior del arte y se constituyeron en un verdadero eje para la construcción de la cultura moderna.

 

Hoy nuestra condición colectiva es trágica. Nos enfrentamos a una enfermedad con el destino jugando en contra nuestra. Atenas es hoy la capital de un país que no ha podido sobreponerse a la crisis de 2008. A pesar de todo el conocimiento acumulado y un desarrollo tecnológico sin precedentes, el desarrollo de las artes y las ciencias parece estancado. La ambición y la arrogancia de los dueños del capital parecen condenarnos a una funesta y desdichada existencia. Hoy no hay dioses del Olimpo ni de lugar alguno que vengan en nuestro auxilio. El destino no está escrito de antemano, sólo la poderosa fuerza de los acontecimientos nos impulsa. Pareciera que nos vemos abocados al desastre,; sin embargo, organizada conscientemente, la fuerza trabajadora puede enfrentar los hechos y poner fin a este reino de miseria, así encontraremos la verdadera “purificación” construyendo nuestro paraíso en la tierra.  

 

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