MATERIAL ENCONTRADO: "La historia del cine"

Este artículo fue publicado originalmente en la revista Photoplay en su edición de febrero de 1912.


Edward F. McIntyre



Por Edward Francis McIntyre


Un recuento del descubrimiento y desarrollo de la fotografía animada. Cómo el gobernador Stanford ganó su apuesta y fue la causa del desarrollo de un nuevo arte.

Si usted hubiese estado parado cerca a la pista de carreras privada de Leland Stanford en California, hace unos cuarenta años, viendo a un fotógrafo haciendo imágenes del caballo de carreras del millonario, habría presenciado el nacimiento de la idea del cine. Puede que no se hubiese dado cuenta de este hecho, porque ni siquiera el fotógrafo Edward Muybridge se dio cuenta. Sin embargo, fue el comienzo de una serie de experimentos que aún no han terminado y que continuarán hasta que la película absolutamente perfecta, en todos sus colores naturales, sea lanzada a la pantalla, acompañada de sonidos "naturales" reproducidos artificialmente.


Leland Stanford. c. 1870


Leland Stanford, otrora gobernador de California y fundador de la universidad que lleva su nombre, apostó con un amigo a que un caballo, mientras corre, nunca tiene todos los pies levantados al mismo tiempo. La historia no dice dónde concibió Stanford, pero cualquiera sabe que todos los artistas, hasta ese momento, habían dibujado caballos corriendo con todos los pies en el aire a la vez.

La cuestión era cómo liquidar la apuesta. Stanford, con todos sus millones, era un buen tipo y estaba dispuesto a gastar cualquier suma para demostrar que estaba en lo cierto. Había un fotógrafo llamado Muybridge, un inglés, que venía haciendo cosas maravillosas en la fotografía instantánea, un arte que, en esa época (1872), estaba en su infancia. Stanford envió a buscar a Muybridge. Le contó al fotógrafo su apuesta y le indicó avanzar y tomar todas las fotografías necesarias para demostrar su afirmación. Era una orden que habría deleitado el corazón de cualquier investigador científico.


Eadweard Muybridge, 1899

Muybridge instaló unas veinticinco cámaras, cada una separada a una cierta distancia, y estiró hilos de seda para que el caballo, al pasar corriendo junto a cada cámara, rompiera el hilo y abriera el obturador de la lente en el momento exacto en que el animal estaba en el campo de visión Cada vez que el caballo pasaba junto a la sucesión de cámaras, él mismo se tomaba veinticinco fotografías. Se usaron las placas húmedos de antaño y la labor de hacer las fotografías fue inmensa; incluso, se dice que Muybridge y sus asistentes hicieron casi medio millón de fotografías, lo que demuestra, de paso, que un caballo que corre nunca tiene los cuatro pies levantados a la vez.


Eadweard Muybridge. El caballo en movimiento, 1878


Un día Muybridge estaba hablando con el gobernador. Tenía en la mano una serie de fotografías del caballo sin montar organizadas en el orden en que habían sido tomadas. Mientras Muybridge charlaba, plegaba mecánicamente los bordes de las imágenes entre el pulgar y el índice de su mano derecha mientras sostenía el borde opuesto rígidamente entre el pulgar y el índice de la mano izquierda; igual que cuando se "hojean" las páginas de un libro. Para asombro de Muybridge, el caballo parecía estar corriendo. Cada paso del galope se veía claramente. Plegó los títulos una y otra vez: el caballo parecía mover su patas y cascos en el orden habitual. Asombrado, llamó la atención de Stanford sobre la ilusión. Stanford la calificó de muy interesante. Muybridge volvió a su estudio para experimentar más. Quería encontrar una manera de exhibir esta ilusión ante un público en un salón. Ya tenía una serie de conferencias sobre locomoción animal para ser ilustradas con vistas de estereopticón de los sujetos que él mismo había hecho. Muybridge tardó ocho años en dar el siguiente paso: la proyección de esta ilusión en una pantalla. A San Francisco pertenece la distinción de haber visto esta primera película.

Muybridge seleccionó de su medio millón de placas una serie que representaba cada cambio de posición en los cascos y patas del caballo durante un "tranco". Se hicieron positivos de vidrio o diapositivas de linterna mágica de esta y se montaron en una rueda de cerca de cuarenta pies [doce metros] de circunferencia. Por medio de una linterna mágica o un estereopticón, estas imágenes se proyectaban sobre una pantalla. El resultado fue el efecto de un caballo corriendo, o al galope. Esta fue la primera y, sin duda, la película más cara jamás realizada por la fotografía. .Muybridge llamó a su máquina "zoopraxiscope". Se basó en el principio del Zoótropo, un juguete popular en la primera mitad del siglo XIX.

Zoopraxiscopio, c. 1893


En 1880 Muybridge exhibió su Zoopraxiscopio en San Francisco. En 1881 repitió la conferencia y la exposición en París. Allí conoció a J. Marey del Instituto de Francia. En Nueva York, en 1883 se reunió y conversó con Thomas A. Edison. De estas dos reuniones surgió la película cinematográfica como la conocemos hoy. Marey, el científico, inventó la tira continua de celuloide, la película mientras que Edison, el estadounidense, perfeccionó la película mediante la invención de las perforaciones y la rueda dentada para que cada imagen se registrara exactamente después de la que la había precedido, eliminando así el "parpadeo". Estas fueron las tres ideas básicas que, mejorando el Zoótropo de juguete, nos dio la cámara cinematográfica con la que tomamos las imágenes y la máquina de proyección con la que exhibimos el filme.

Zootropo de Étienne-Jules Marey mostrando el ciclo de vuelo de una gaviota, 1887


Mientras tanto, otros inventores no se habían quedado inactivos. Lumière estaba trabajando en el cinematógrafo y Castler en el Biografo y el Mutoscopio. Casi todas estas máquinas y otras similares fueron "perfeccionadas" aproximadamente al mismo tiempo por diferentes personas que trabajaban independientemente unas de otras en lugares muy separados. Fue en I895 cuando el público vio por primera vez el cine tal como lo conocemos hoy. Fue un asunto tosco y cegador, que parpadeaba y saltaba, pero también maravilloso.


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