ANDRÓMACA: LA CUESTIÓN DEL MATRIMONIO
Por Jonathan Fortich
Eurípides estrena Andrómaca el 425 a.n.e. La protagonista, cuyo nombre le da título a la obra, es hija del rey Eetión y viuda de Héctor, jefe de los troyanos durante la guerra contra los dánaos e hijo de Príamo. Ella vio morir a su esposo por obra de Aquiles y a su hijo "(...) Astianacte, arrojado desde las empinadas torres, cuando los helenos tomaron la llanura de Troya." (vv. 10-11. En: Eurípides. Tragedias I. Trad.: Alberto Medina G. & Juan Antonio López F. Madrid: Gredos, 2000.)
Jacques-Louis David. Andrómaca llorando a Héctor, 1783
De aquello, resultó reducida a la condición de esclava y ha tenido un hijo de Neoptólemo, vástago de quien la hizo viuda. El Aquilida, luego, tomó por esposa a Hermíone, hija de Menelao, que acusa a Andrómaca de envenenarla con fármacos que la hacen estéril y odiosa a su marido. La derrocada y esclavizada princesa se refugia entonces en el templo de Tetis, madre de Aquiles, tras haber enviado a su hijo a otra casa. Una esclava que la acompaña, le informa que el Atrida y su hija pretenden matar a ese niño, mientras, Neoptólemo, el padre de la criatura, está en Delfos. Un coro de mujeres de Ptía llega e insta a Andrómaca a dejar el templo. Hermíone aparece acusando a Andrómaca de querer apoderarse de su casa. Ella le responde que no tiene cómo destruir su matrimonio, sino que Neoptólemo la repudia por no ser apta para la convivencia amorosa y porque considera a Menelao más importante que a Aquiles. Hermíone amenaza con incendiar el templo si Andrómaca no lo abandona.
Años atrás, Andrómaca había llegado con lujo y abundante dote de oro a la mansión real de Príamo, en Troya, ofrecida como esposa a Héctor. Ahora es esclava y ha sido entregada al hijo del asesino de su esposo como botín de guerra. Andrómaca fue violada por Neoptólemo en repetidas ocasiones ("¡(...) yo no tomé parte en esta unión por mi voluntad!", vv. 39-40) hasta quedar embarazada.
"Yo misma fui llevada desde el tálamo a la orilla del mar, y descendió sobre mi cabeza odiosa esclavitud. Muchas lágrimas bajaron de mi rostro, cuando dejaba la ciudad, el tálamo y a mi esposo en el polvo." (vv. 109-112)
Ahora, como suplicante en el templo de Tetis, se entera de que la vida del único hijo que le queda, está en peligro.
Frederic Cameron Leighton. Andrómaca cautiva, c. 1886
Con Andrómaca volvemos a la figura de la suplicante y, asimismo, a la mujer noble caída en desgracia que ya habíamos visto en Medea y que volveremos a ver en Hécuba; a su vez, sienta las bases de los cambios de fortuna tan recurrentes y característicos en la obra de Balzac, Dickens, Maupassant y tantos autores del siglo XIX. Eurípides aborda, a partir del perfil de la princesa convertida en esclava, un tema propio de la modernidad y que sigue generando debate hasta nuestros días: el matrimonio.
Ya hemos citado en otra ocasión las particularidades del modelo griego de familia. Al respecto, valga recordar que se basó, sobre todo, en las condiciones económicas y sus objetivos eran —de acuerdo a Engels— la preponderancia del hombre y la "(...) procreación de hijos que sólo pudieran ser de él destinados a heredarle (...)" (El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. Fundación Federico Engels. 2006, p. 72). Es esta la cuestión a tener en cuenta en una obra que plantea los problemas que causa la bigamia. La familia monogámica griega seguramente sería ya la norma entre las gentes libres de la Atenas de tiempos de Eurípides; a su vez, tendría diferencias con las formas más primitivas de la gens: "(...) ese grupo que se jacta de constituir una descendencia común y que está unido por ciertas instituciones sociales y religiosas, formando una comunidad particular, cuyo origen y cuya naturaleza han estado oscuros hasta ahora, a pesar de todo, para nuestros historiadores." (Ibíd., p. 92). Entre ambas instancias estarían las míticas genealogías, presentes en toda la literatura de entonces, desde los poemas homéricos.
Siendo Eurípides un poeta que le daba la vuelta a las versiones más tradicionales de los mitos, es entendible que se haya valido del ciclo Troyano para plantear los conflictos del nuevo modelo de familia monogámica a partir de las tradiciones anteriores. Esta monogamia griega, claro está, es obligatoria sólo para la mujer (que puede que no necesariamente la respetase); así, el hombre tenía otras posibilidades de tener parejas sexuales. En Andrómaca, siendo Neoptólemo el bígamo que produce el conflicto, no le vemos en la obra; sólo hasta el final, un mensajero le informa de su muerte a su abuelo Peleo. Sin embargo, es su doble matrimonio el que ha desencadenado la desgracia.
Colin Morison. Andrómaca ofreciendo sacrificios a la sombra de Héctor, c. 1760
Tan distante nos es la familia monogámica griega que en ningún momento vemos la presencia del amor. La unión de Andrómaca con Héctor es, claramente, un matrimonio arreglado para unir dos reinos. En el caso de su posterior unión Neoptólemo, es el resultado del abuso sexual reiterado. En cuanto a Hermíone, la motiva la envidia y la preocupación por no darle a Neoptólemo un vástago que herede los bienes que ambas partes han obtenido del saqueo de Troya. La amenaza del infanticidio se da contra la amenaza de que el niño se convierta en un heredero no deseado. No se disputa el amor sino la herencia.
Nada tiene que ver esta obra, entonces, con los melodramas modernos que defienden el matrimonio como el lugar ideal para construir una familia basada en el amor. Lo que nos expone Eurípides es que la unión con dos mujeres trae la desgracia porque crea dificultades para la conservación y transmisión de la propiedad privada. Es este el punto que nos trae el presente.
C. W. Eckersberg. Héctor se despide de Andrómaca, 1816
Ya nuestra compañera María Paula Alemán nos había mostrado la relación entre las ideas del amor y el consumo. Por supuesto, no podemos hablar de consumismo en la Grecia Clásica pero sí podemos encontrar como factor común al imperio de la propiedad privada, tanto en aquellos tiempos como en los nuestros. Sobre esta base se ha construido la institución del matrimonio que ha evolucionado hasta nuestra moderna familia burguesa, arropada con unas ideas de amor que se adaptan a las condiciones del mercado. Desde esa perspectiva, la bigamia, en principio, atenta contra el amor sexual individual que sustenta a esa idea de familia pero, en el fondo, el problema planteado por Eurípides se mantiene.
Ciertamente, el capitalismo ha sabido aprovecharse de las tradiciones del patriarcado para defender sus intereses. En este sentido, la opresión de la mujer, resulta inevitable. Llama la atención que en estos tiempos en los que tanto se habla de combatir el patriarcado poco se discuta el tema del derecho de herencia. En el último par de siglos hemos aprendido a atacar los problemas de raíz; sin embargo, pareciera que al patriarcado sólo se le puede combatir "por los laditos". ¿Cuál es la razón de esto? ¿Por qué evitar la emancipación inmediata de la mujer a cambio de una prolongada lucha por pequeñas conquistas simbólicas?
Mientras esperamos respuestas a estas preguntas, nos inclinamos a recuperar una vieja consigna que, si se lleva a la práctica, rompería el nudo gordiano de la opresión patriarcal: abolir el derecho de herencia. Esto, necesariamente, debería ir de la mano con la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. Llevando esto a la práctica, la opresión de la mujer perdería toda su razón de ser. Asimismo, estamos convencidos que se replantearían las relaciones sentimentales. Cuando ya no haya bienes o deudas por compartir, lo único que quedará para unir a las personas entre sí, será el amor. Y sin estructuras matrimoniales que lo aten, seguramente podremos resolver las incógnitas y problemas que nos ha inspirado, por lo menos, en el último par de siglos.
Cartel soviético, 1920
"¿Qué le dejó la Revolución de Octubre a la mujer obrera y campesina?" En las inscripciones de los edificios se lee: "Biblioteca", "Jardín infantil", "Escuela para adultos", etc.
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