HÉCUBA: LA JUSTICIA EN MEDIO DE LA DESGRACIA

Por Jonathan Fortich


Con Hécuba, estrenada por Eurípides en el 424 a.n.e., volvemos al tema de la justicia, tan recurrente en la tragedia griega. También, vemos de nuevo a la mujer noble enfrentando el infortunio como en Medea Andrómaca. Con respecto a esta última, nos mantenemos en el Ciclo Troyano.

Leonaert Bramer. El dolor de Hécuba, c. 1630


La acción se desarrolla en un campamento aqueo, en la llanura del Quersoneso (en la actual Península de Galípoli, Turquía), cerca de la tienda de Agamenón, jefe de las victoriosas tropas aqueas. Hécuba, antes reina, se ve ahora reducida a la esclavitud, viuda y con la mayoría de sus cincuenta hijos muertos luego de la destrucción de Troya, la ciudad que gobernó su difunto marido. El coro de troyanas cautivas que la acompaña, le informa que los aqueos han decidido sacrificar a su hija Políxena, la única sobreviviente de su familia que la acompaña en su esclavitud, al cadáver de Aquiles. Hécuba le advierte a su hija y busca cómo salvarla, pero ella está dispuesta a morir antes que seguir viviendo como esclava.

No sabemos si Billy Wilder, D. M. Marshman Jr. o Charles Brackett leyeron esta obra pero, al igual que en Sunset Boulevard  (1950), filme escrito por esos tres maestros, la acción comienza con la voz de un muerto: el prólogo está a cargo del espectro de Polidoro, el hijo menor de Hécuba. Por él sabemos que Poliméstor, un rey vecino a cuyo cuidado sus padres lo dejaron junto con mucho oro, lo ha matado y lo ha arrojado al mar hace tres días. Volvemos, también, al motivo del cadáver insepulto que encontrábamos en Antígona. Precisamente, el espectro de Polidoro se dirige hacia su madre para conseguir un sepulcro, según le ha pedido "a los que tienen poder abajo". Ella cree a su hijo seguro en la nivosa Tracia bajo el cuidado de Poliméstor.

"Yazgo unas veces tendido sobre la costa, otras veces en el reflujo marino, llevado de aquí para allá, por los muchos vaivenes de las olas, sin ser llorado, sin tumba." (vv. 28-31) (En: Eurípides. Tragedias I. Trad.: Alberto Medina G. & Juan A. López P. Madrid: Gredos, 2000.)

La muerte de Polidoro, s. XVII


Hécuba era hija del rey Ciseo y fue esposa de Príamo, rey de todos los frigios. Ahora, anciana, lleva un curvado bastón y por las noches se ve en vilo asaltada por terrores y espectros. En uno de ellos, ha visto una cierva moteada, degollada por la sangrienta zarpa de un lobo, tras haberla arrancado de su regazo por la fuerza. 

Polímestor sabe del futuro que le espera a su hermana: "Todos los aqueos, aquí junto a sus naves, están varados, inactivos, en la costa de esta tierra tracia, pues el hijo de Peleo, Aquiles, apareciéndose por encima de su tumba, ha retenido a todo el ejército heleno, cuando dirigían ellos el remo marino hacia su casa. Reclama a mi hermana Políxena para recibirla como sacrificio grato para su tumba y como honor." (vv. 35-43) Una situación que nos devuelve al Agamenón de Orestíada; allí, la falta de vientos favorables para emprender el viaje a Troya, llevó al Atrida Agamenón a sacrificar a su hija Ifigenia. También está ligada a Ilíada donde, en su penúltimo canto, encontramos a Aquiles degollando a doce troyanos en honor de Patroclo, muerto por Héctor, hijo mayor de Hécuba y Príamo.

El coro de esclavas lleva a Hécuba la noticia del destino de su hija. Ellas, hacen responsable a Ulises de persuadir al ejército de sacrificar a la joven. Él, al llegar por Políxena, dice a Hécuba que ha sido una decisión de los aqueos. La derrocada reina le trata de desagradecido y le recuerda el buen trato que recibió de ella en el pasado. El Laertíada se sustenta en la honra que se le debe a los muertos y emplea el recurso de insinuarle a Hécuba que la desgracia que sufre es irrelevante, ya que hay otros más desgraciados que ella. Sí, el truco es así de viejo. 

Charles Le Brun. El sacrificio de Políxena, 1647


Tras esto, Políxena manifiesta su deseo de morir y su motivo: "Un esclavo comprado donde sea ensuciará mi cama, considerada digna de reyes. ¡Desde luego, que no!" (vv. 365-368). Hécuba reconoce nobleza en las palabras de su hija pero también le duelen. Pide a Ulises que la maten a ella también y este, aparte de rechazar la propuesta, le recuerda que no tiene amos.

La actitud noble de la hija lleva a la madre a la resignación. Esto, junto con la ignorancia de la muerte de Polidoro hace que, al resultar inevitable, su despedida nos resulte más dolorosa:

POLÍXENA.   ¿Qué he de decir a Héctor o a tu anciano esposo?
HÉCUBA.  Anúnciales que yo soy la más desgraciada de todas
POLÍXENA.  ¡Oh pecho y senos que me criaron con dulzura!
HÉCUBA.  ¡Oh hija, qué destino tan intempestivo y desdichado!
POLÍXENA.  ¡Sé feliz, madre! ¡Sé feliz, Casandra...
HÉCUBA.  Otros serán felices, pero para tu madre eso no es posible.
POLÍXENA.   ...y Polidoro, mi hermano que está entre los tracios aficionados a los caballos!
HÉCUBA.  Si es que está vivo. Pero desconfío. Tan desdichada soy en todo.
POLÍXENA.  Vive, y, cuando muera, cerrará tus ojos.
(vv. 422-430)

El coro canta a la brisa marina preguntándose por su destino y lamentándose de su suerte. Taltibio, el heroico heraldo de Agamenón, llega a pedirle a Hécuba que entierre a su hija. Le describe la actitud noble que mostró durante su sacrificio: "(...) cogiendo el peplo lo rompió desde lo alto de la espalda hasta la mitad del costado, junto al ombligo, mostró los senos y el pecho hermosísimo, como de estatua, y poniendo en tierra la rodilla dijo las las palabras más valientes de todas: «Mira: golpea aquí, si es que deseas, oh joven, golpear mi pecho, y si quieres en la base del cuello, dispuesta está aquí mi garganta.»" (vv. 558-565)

Neoptólemo sacrificando a Políxena tras la captura de Troya, c. 560 a.n.e.


Luego de las reflexiones de Hécuba sobre su infortunio, el coro canta a la desgracia y el sufrimiento que las amenaza desde el día en que Alejandro decidió secuestrar a Helena, cuñada de Agamenón. Una servidora llega con el cadáver de Polidoro. Llega Agamenón y Hécuba le pide que la vengue pero él le explica que eso no sería bien visto por la tropa. Le plantea, entonces, castigar al asesino con la ayuda de sus compañeras cautivas. Agamenón, más que acceder toma la actitud de no oponerse a una iniciativa que encuentra absurda: "Y, ¿cómo unas mujeres tendrán el poder sobre varones?" (v. 883).

El coro de mujeres canta la desgracia que les trajo la destrucción de Troya mientras, una de ellas, ha ido por orden de Hécuba en busca de Polímestor y sus hijos. Unas mujeres tendrán poder sobre varones: la venganza de Hécuba tendrá lugar. Antes que referirnos a ella, invitamos al lector a que viva la experiencia de leer esta obra que concluye con un final estremecedor. 

No es este el título más conocido de Eurípides. Al parecer, disfrutó de especial predilección entre los bizantinos. Pero en aquellos días el teatro en el mundo cristiano estaba prohibido y sólo una minoría tenía la habilidad de leer y escribir, así como de dominar las lenguas clásicas. Ese glorioso instante de mujeres unidas y organizadas según un plan haciendo justicia, sólo fue del conocimiento de unos pocos. Es entendible por qué, en tiempos posteriores, cuando la imprenta permitirá una divulgación más rápida del conocimiento, que vaya pasando a un segundo plano al punto que hoy son pocos los actores, dramaturgos y directores que la conocen. 

Busto de Eurípides. Arquetipo c. 340 a.n.e.


Por supuesto, cuando la tradición teatral acumula tres milenios de documentos, hay que establecer prioridades y tomar decisiones. Ahora, bajo una crisis económica en donde el pequeño peculio de años de trabajo se pude esfumar en semanas, donde la opresión sobre la mujer se mantiene aunque sepamos que no tiene razón de ser, donde la justicia es un privilegio para unos pocos y suele actuar en contra de los trabajadores en general, y de las trabajadoras en particular. Una crisis que ha dejado al descubierto que el interés del estado por proteger al débil es falso y que su auténtico compromiso es con el gran capital. ¿No es este un texto apropiado para estos días?

En más de una ocasión el suelo neogranadino ha visto a las mujeres levantarse contra la injusticia; por lo menos desde los días de La Gaitana, a mediados del siglo XVI. En eventos más recientes hemos visto en  Soacha una ciudad vecina de Bogotá con una población mayoritariamente obrera que las mujeres se han organizado para enfrentar a la delincuencia. La Policía de ese municipio, en cambio, ante una protesta de presos retenidos en circunstancias inhumanas, se abstuvo de proteger las vidas de los que estaban allí privados de la libertad, dando como resultado nueve muertos. Cuando nos amenaza una vuelta a la barbarie, Hécuba resulta apropiada para estos tiempos y para Colombia.

Sea esta la oportunidad para compartirles que venimos trabajando desde hace un tiempo con Musa Paradisíaca en un proyecto que busca volver a contar esta historia. Cualquier reflexión o aporte que venga de nuestros lectores será bienvenida. Hoy necesitamos, entre todos, aprender a contar nuestras tragedias. Esperamos que pronto ellas sean parte de un pasado que no volverá.


Giuseppe Maria Crespi. Hécuba mata a Poliméstor, c. 1745


 

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