MATERIAL ENCONTRADO: "Creciendo con las películas" (II)
Segunda parte de la traducción del artículo de Photoplay sobre Florence Lawrence. Aquí la primera parte.
Por Florence Lawrence con la colaboración de Monte M. Katterjohn
Los dueños de la Independent Moving Picture Company demostraron a la industria que la creación de películas favoritas era una decisión inteligente, y pronto otras compañías comenzaron a anunciar la identidad de sus intérpretes y a publicitarlos fuertemente. Algunos tomaron la delantera por mérito, otras fueron impuestas al público mediante propaganda publicitaria. Antes de esa época, las películas habían sido simplemente una moda para hacer dinero; explotadas en carnavales, ferias callejeras y similares, aunque incluso entonces existía una gran cantidad de salas de cine en todo Estados Unidos, alrededor de 5,000 para ser exactos. Cuando la multitud de clientes del cine llegó a tener intérpretes favoritos, la etapa primitiva de la industria del cine había pasado.
Florence Turner, Gilbert M. Anderson, Arthur Johnson, Mary Pickford, Marion Leonard, King Baggot y Maurice Costello eran otros intérpretes cinematográficos que se volvieron favoritos populares entre el público y que compartieron honores con la señorita Lawrence.
Tenía sólo tres cuando cantó y bailó «Down in the Shady Dell» entre actos. Su madre era la actriz principal
Después de un año en las producciones Imp, la señorita Lawrence pasó a la Lubin Company, donde actuaba como antagonista de Arthur Johnson —últimamente de los actores Reliance—, y que ha estado asociado con ella en el estudio Biograph. Esta nueva conexión le trajo una popularidad aún mayor que antes a ambos intérpretes, resultando el equipo Johnson-Lawrence en el más grande imán de la taquilla que haya conocido el mundo del cine. Dudo si dos actores que hayan aparecido en películas han ganado una mayor respuesta que estos dos. Arthur Johnson y Florence Lawrence llegaron a los corazones del público tan inequívocamente que cientos de exhibidores han insistido en el reestreno de todas las producciones Lubin en las que aparecen ellos. Así como las películas de Mary Pickford, ahora reestrenadas por la Biograph Company, las foto-obras Lawrence-Johnson estaban muy adelantadas a su tiempo y serían bienvenidas hoy a la par de la que llaman oferta de largometrajes.
«Amo a mucha gente del cine pero, oh ustedes, Florence Lawrence y Arthur Johnson,» —escribió una niña de Kentucky a The Dramatic Mirror con fecha del 7 de junio de 1911. «Creo que realmente son los mejores en la escena del cine», —y continuó: «y creo que es una pero que los actores no puedan saber cuánto nos encantaría verles y cuánto está aprendiendo a amarlos el mundo.»
Si alguien duda de la popularidad de las películas Lawrence-Johnson de Lubin, déjenle dirigirse a los archivos de los periódicos sobre teatro y cine del año 1911. Encontrará cientos de cartas de exhibidores, comerciantes y clientes de los cines en las que hacen el listado de sus favoritos en orden consecutivo. Los nombres de Florence Lawrence y Arthur Johnson predominan alrededor de tres a uno.
¿Quién entre los seguidores del cine no gusta de recordar algunos de aquellos encantadores dramas del ayer? Sobreviviendo en el recuerdo del viejo fan de las películas, están producciones tan notables de Lubin como Her Humble Ministry, The Hoyden, Opportunity and the Man, A Fascinating Bachelor, That Awful Brother, The Slavey, His Chorus Girl Wife and The Gypsy. ¿Quién entre ustedes que presenciaron estos encantadores dramas cómicos no les gustaría verlos de nuevo? ¿No creen que la vida del promedio de las películas es demasiado corto, especialmente cuando se alzan por encima del promedio? Me gusta recordar la oferta memorable de años pasados y, con los ojos de mi mente, verlas todas otra vez. Aun mejor, me gustaría verlas reestrenadas para poder compararlas con las producciones de hoy. Quizás, un movimiento tal tendería a controlar la alocada prisa de los fabricantes por producir comedias slapstick y de variedades.
¡Pero tráigannos de vuelta a la señorita Lawrence!
La Victor Film Company, que fue la siguiente en asegurarse los servicios de la señorita Lawrence, fue organizada por la mismísima señorita Lawrence pero después se convirtió en propiedad de la Universal Film Manufactoring Company. Durante el primer año de las películas Victor, ese nombre perteneció exclusivamente a la señorita Lawrence y a sus producciones. Luego de la transferencia de la Victor Company a la Universal, producciones distintas a las elaboradas por Lawrence fueron lanzadas bajo la marca Victor.
Pero las películas Victor con la señorita Lawrence nunca han caído en el desprestigio. Tras su primer años de trabajo bajo su nueva marca, abandonó el estudio cinematográfico por la vida de una dama de campo llevando el cultivo de rosas a su bella granja en New Jersey, a treinta minutos en carro desde la ciudad de Nueva York. Toda la clientela del mundo de las películas se alzó como un solo hombre con la exigencia de que volviese. Cada editor de periódicos cinematográficos o revistas puede dar testimonio de miles de cartas recibidas de todo el mundo preguntando con ansia por la pequeña estrella que había ornado la pantalla por tanto tiempo. Deseaban saber si había alguna probabilidad de su regreso a su anterior trabajo y, si era así, cuándo. Incluso la señorita Lawrence recibió cerca de mil cartas, todas ellas le rogaban que volviera a la escena cinematográfica.
Esta foto de Florence y su madre se tomó en la época en que aparecieron juntas en la producción de Edison «Daniel Boone». Su primera actuación en el cine.
«Aunque solo soy una niña discapacitada, rezo cada noche para que emprenda el trabajo cinematográfico una vez más y me ayude a olvidar que soy discapacitada y fea», se lee en una de las conmovedoras cartas recibidas por la señorita Lawrence y que ella ha guardado y atesorado.
«A quien más amo es a mi madre; después, a mi dulce Flo Lawrence y, después de ella, a mi profesora de la escuela dominical», se lee en otra de las atesoradas misivas que imploraban su regreso a la pantalla.
Otra era de un superintendente de escuelas públicas de un pueblecito de Florida, y se atesoraba por la posición de su autor, así como por el sentimiento expresado ahí. Se lee:
«Mi esposa y yo hemos decidido escribirle, y si es posible, enterarnos si hay alguna posibilidad de su regreso a las obras cinematográfica. Nosotros la amamos y nos hemos perdido muy pocas de sus obras desde que la vimos en Tampa hace casi seis años. Ni siquiera conocíamos su nombre entonces. La extrañamos mucho, y parece que no disfrutamos mucho de las películas ahora que usted ya no está en ellas. Ciertamente, usted posee una cualidad que no tienen otras damas del cine, porque usted saca el amor precisamente de los corazones de los fans de las películas. Mi esposa la llama "Pequeña Flo" y dice que seguramente va a conocerla cuando vayamos a Nueva York el próximo verano. Ambos la adoramos y esperamos que la enfermedad no sea la causa de su ausencia de las películas.»
Hay pocas actrices que puedan resistir súplicas de tal naturaleza. Estas cartas de afecto sincero tenía un valor, mayor incluso, que los tónicos y medicinas del galeno; porque la señorita Lawrence realmente estaba enferma, sufriendo una crisis nerviosa causada por su constante e infatigable labor ante la cámara. El esfuerzo de retratar roles cómicos había sido demasiado arduo; y así, en lo alto de su popularidad, se había retirado a sus rosas y a hacerse fuerte otra vez.
A pesar de que su resolución de abandonar el estudio cinematográfico fue sincera, no había considerado el efectos de las súplicas que se contarían por miles. Y una vez se encontró restablecida, estuvo ansiosa por alcanzar mayores triunfos. Era el llamado del arte, un llamado que sólo aquellos que lo han experimentado pueden entender. Es un ansia de expresión, un ardiente deseo de vivir y desarrollarse, y de dominar cosas aún mayores.
Y así fue con Florence Lawrence. Había alcanzado bastante como intérprete de roles dramas cómicos y ahora deseaba tomar un lado más serio de la actuación en las foto-obras. Se recordará que hasta este momento ella había sido prácticamente identificada con la comedia. Era su deseo sobresalir como intérprete de roles serios, acoplado a que la obligación que sentía debida a sus muchos amigos que la trajeron de regreso a las obras Victor, después de doce meses de descanso y recreación.
Que ella triunfó otra vez es bien sabido. Las foto-obras Victor del año pasado dan testimonio convincente de este hecho. Los dramas y las comedias de Florence Lawrence serán largamente recordados por la espléndida actuación e inspiración tras ellos. La cualidad que los distingue de todas las otras foto-obras es indefinible: un algo poseído por la señorita Lawrence y sólo por ella, que exige y afianza la atención.
El espacio de años desde que la señorita Lawrence comenzó, son los años en los que la industria cinematográfico había crecido. Hoy es la cuarta industria del mundo y, como he mostrado, Florence Lawrence ha estado en ella todo el tiempo. De sus experiencias, su trabajo, la gente que conoció y los eventos que la inspiraron podrá contarles ella misma mejor que yo.
Florence Lawrence es una de las pocas actrices cinematográficas que parece perfectamente cómoda tanto en el drama como en la comedia
La señorita Lawrence nació en Hamilton, Ontario, Canadá y comenzó su carrera escénica cuando tenía tres años. Su madre, Lotta Lawrence, era actriz y, como principal de la Lawrence Dramatic Company, se vio forzada a llevar a «la nena Florence» con ella en sus giras. Aunque digo que comenzó su carrera escénica a los tres, ella realmente ornó las candilejas cuando aún no tenía un año; era cargada totalmente envuelta en una suave cobija en la mayoría de las obras de repertorio presentadas por los intérpretes de la señora Lawrence.
Pero fue a la edad de tres que hizo su debut como intérprete de verdaderas partes y como animadora entre los actos. «Down in the Shady Dell» era una de sus canciones favoritas. También aprendió a bailar y saldría al escenario mientras su madre estaba haciendo alguna canción y un punto culminante de baile, y la asistiría. El público vería a la niña llegar y pensaría que era un error hasta que ella se unía a su madre y comenzaba a imitar sus pasos; y, desde entonces, una tormenta de vítores y aplausos la seguiría siempre.
«La nena Florence, la niña maravilla» fue un nombre que se ganó a esta temprana edad. Aunque su madre no la incentivó a trabajar en la escena, no se le opuso y la «Pequeña Flo» parecía deleitar con ingeniosos modos que harían necesaria su aparición ante un público. Ella insistiría en ser «juiciosa» y cuando el telón se levantaba para el primer acto, la descubriríamos ocupando el centro de la escena, intensamente interesada en algún libro que había encontrado sobre el teatro, aunque sólo era capaz de decir tres letras del abecedario. Los interpretes que salían a escena, o bien tendrían que ignorarla completamente o pretender que era realmente un personaje de la obra.
La Sra. Lawrence encontró necesario crear partes para la «Nena Florence» en casi cada obra o, de lo contrario, ella sería mala y antipática, y lloraría justo fuera de los bastidores durante el desarrollo de la función. Era un asunto difícil mantenerla en el camerino de su madre, pero este hecho era sólo una demostración temprana de su deseo de convertirse en una gran actriz; ya que ella observaría a los actores y a las actrices desde los bastidores noche tras noche y, luego, la descubrirían imitándolos.
La Lawrence Dramatic Company hizo muchas giras por los Estados Unidos. Desde el momento en que la «Pequeña Flo» fue lo suficientemente grande para andar por el escenario, apareció ante un público enorme. Little Lord Fauntleroy era una de sus partes y la interpretó casi una centena de veces. Pero ella prefería hacer puntos culminantes en las escenas de riesgo a interpretar personajes y, a los seis años de edad, ganó muchos puntos cantando «Come Help Me Tie My Shoe-String», una canción que fue escrita especialmente para ella por uno de los amigos de su madre. Desde su tierna infancia evidenció un gusto por cualquier cosa que provocase risa. Aprendió a darle guiños a su público la primera vez que apareció sola en el escenario.
(Continuará)
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