LAS AVISPAS: LA COMEDIA Y LA CORRUPCIÓN POLÍTICA

Por Jonathan Fortich



Mosaico presentando máscaras teatrales de la tragedia y la comedia. Obra romana, s. II


Llega el momento de referirnos a la comedia griega y para ello tomamos como primer caso Las Avispas, estrenada por Aristófanes (446-386 a.n.e.) en el 422 a.n.e., dos años después de que Eurípides presentase Hécuba. A diferencia de las tragedias, que nos mostraban las grandes acciones de los héroes del pasado, aquí tenemos a la gente más vulgar y corriente de la Atenas de aquellos días. 

Poco sabemos de los orígenes de la comedia. Parece que proviene de la religiosidad campesina y de los ámbitos más populares de la Antigua Grecia. De la comedia antigua sólo nos sobreviven completas once obras de Aristófanes, ninguna de la comedia llamada "media" y de la comedia nueva, sólo El misántropo de Menandro. Nada más.

En gran medida, esta ignorancia que sufrimos con respecto a la comedia se debe al cristianismo. El primer acto criminal contra la cultura clásica fue el incendio de la Biblioteca de Alejandría por parte del imperialismo romano en el año 48 a.n.e. Luego, tras la conquista del poder político por parte de los jefes del cristianismo en el siglo IV, la Iglesia propició una serie de actos de vandalismo que destruyó la mayor parte de la producción científica y artística de la antigüedad grecolatina. Entre las fechorías de los cristianos hay que destacar la destrucción de buena parte de la obra del filósofo materialista Aristóteles (384-322 a.n.e.) y, particularmente, como se popularizó desde la publicación de la novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa, el segundo volumen de Poética, dedicado a la comedia.

Copia romana en mármol de un busto de bronce de Aristóteles hecho por Lisipo


El fragmento que nos ha sobrevivido de esa investigación peripatética nos informa sobre esta forma de poesía que:
  • La comedia tiende a imitar a los hombres peores. (1448a) Pero no los imita "(...) en toda la extensión del vicio, sino que lo risible es parte de lo feo. Pues lo risible es un defecto y una fealdad que no causa dolor ni ruina; así, sin ir más lejos, la máscara cómica es algo feo y contrahecho sin dolor." (1449a)
  • "(...) por no haber sido tomada en serio al principio, pasó inadvertida. En efecto, sólo tardíamente proporcionó el arconte un coro de comediantes, que hasta entonces eran voluntarios. Y sólo desde que la comedia tenía ya ciertas formas se conserva el recuerdo de los llamados poetas cómicos." (1449b)
  • Según los megarenses, la comedia "(...) nació durante su democracia, (...)" Aristóteles explica el hecho por los términos empleados para definir a los suburbios. (1448b)
  • No se componían las obras en torno a individuos particulares. (1451b)
  • El placer propio de la comedia es plegarse al deseo del público. (1453a)
La mayor parte de la producción artística y teórica de la comedia, y del teatro en general, por lo menos hasta el Renacimiento, ha desaparecido por obra de los cristianos. Ni hablar de la práctica misma de las artes escénicas que sufrió toda clase de controles y persecuciones; en los países atrasados, incluso hasta bien entrado el siglo XX. Como dice su texto sagrado: "Por sus frutos los conoceréis." (Mateo 7:18)

Busto de Aristófanes. s. I


Mientras que en las tragedias vemos la acción desarrollarse ante palacios o paisajes remotos, en Las Avispas, esta tiene lugar ante una casa, la de Filocleón, un viejo que es padre de dos hijos y ocupa el cargo de  heliasta; es decir, miembro de una suerte de tribunal colectivo o gran jurado.  En la orquestra, el lugar destinado al coro, hay barro y yesca. La casa está cubierta por una red y a su lado hay un ramal. Así, el lugar donde ocurre la acción, será tan "peor", "feo" y "contrahecho", como los personajes que "imita".

La vivienda es custodiada por dos criados que se cuentan sueños que han tenido con Cleón, un político que ha pasado a la historia —gracias a nuestro poeta y a Tucídides como un demagogo, pero que, probablemente, pudo ser un jefe democrático. Las evidencias al respecto son insuficientes y parciales. No sólo era Aristófanes un conservador que veía a la democracia con desconfianza; además, había sido acusado por Cleón de haber ridiculizado las instituciones atenienses delante de extranjeros en su obra perdida Los Babilonios. Es comprensible que ante esta acusación haya respondido sometiéndolo a la sátira de su verbo. Aristófanes atacaría a Cleón con intensidad en Los Caballeros y expondría varias quejas sobre sus posiciones políticas en Los Acarnienses. Hay que añadir que no parece Aristófanes interesado en que sus personajes sean auténticos retratos de los individuos históricos que los inspiran, como lo evidencia su Sócrates de Las Nubes, estrenada el año anterior a Las Avispas. Allí, se le incluye como parte de los sofistas siendo que  —según lo indican los diálogos platónicos— buena parte de su actividad consistió en someterlos a crítica.  De hecho, defiende ideas y métodos que el Sócrates de Platón ataca en los Diálogos. Al final, no resulta muy distinto de aquellos individuos que en años recientes se dedican a atacar las ideas socialistas sin tomarse siquiera el trabajo de estudiarlas desde sus fuentes originales. Faltos de una efectiva caracterización política del Cleón histórico, nos queda el personaje que se configura como una primera versión del demagogo: ese líder político que tiene por objeto valerse de una posición aparentemente democrática para "contener y desmoralizar el movimiento de masas."

Los criados, cuyo diálogo inicia la obra, son propiedad de Tiracleón, hijo de Filocleón; uno de ellos explica que esté último ha convertido su actividad de heliasta en una obsesión. En ese momento, el anciano intenta huir pero es descubierto. Lo encierran y uno de los esclavos pide licencia a su amo para echarse un sueñecito. 

Dioniso y sátiros, c. 480 a.n.e.

Mientras los personajes trágicos se consagran a una lucha sin descanso por conquistar grandes metas (defender un principio moral, combatir un enemigo, cobrar una venganza, etc.) los de comedia, al ser "peores", van tras objetivos menos ambiciosos; unas veces de una cierta importancia individual como sacar algún provecho de la política, otras, tan básicos como buscar el descanso, la embriaguez, la satisfacción del apetito o del deseo sexual. Entendemos entonces que, para aquel público, entregarse al deseo individual y básico era propio de hombres "peores". 

Como se trata de presentar a los individuos "peores", Tiracleón es un tipo que prefiere la conversación a la lucha y a los gritos, en ese sentido lleva una relación de cierta cercanía y confianza con sus esclavos, como lo indican los términos en los que el criado se expresa:

CRIADO 2
Vamos ya. Ahora que hemos echado mano bien a ése y no tiene posibilidades de escurrírsenos sin que nos demos cuenta, ¿por qué no nos echamos un sueñecito, un ratito de nada?

TIRACLEÓN
Ni hablar, bribón. Dentro de poco vendrán sus compañeros del tribunal, reclamando a este padre mío.

CRIADO 2
¡Qué dices! ¡Si ahora estamos en plena alborada!

(vv. 211-217. En: Aristófanes. Comedias II. Trad.: de Luis M. Macía A. Madrid: Editorial Gredos, S.A., 2007.)

Los heliastas entran con prisa portando aguijones —se entiende ahora el título de la obra— y cantan para hacer salir a Filocleón. Éste les informa de su encierro. Les cuenta que su hijo se empeña en hacerle una buena persona pero a él no se le da la gana. El corifeo  —el director del coro— busca inspirarle recordándole un robo que hizo en su juventud. Filocleón intenta escapar, pero vuelve a ser descubierto cuando intenta descolgarse por una cuerda.

John Morgan. El jurado, 1861


Tiracleón sale con la intención de explicar su caso pero el coro le responde amenazándole con sus aguijones. Su padre se resiste a volver a la casa. El coro ataca y los criados les enfrentan hasta hacerlos retroceder. Sólo así le es es posible a Tiracleón proponer un diálogo al que le responde el coro acusándolo de tirano. Él le dice a su padre que, al ser juez, se convierte en esclavo. Filocleón le responde que su cargo le brinda ventajas como ser objeto de adulaciones por parte de los acusados que esperan ser absueltos, verle las vergüenzas a los jovencitos (la pederastia no era vista como un delito en ese contexto), recibir compensaciones por las absoluciones, atenciones hasta del mismísimo Cleón y, además, un salario consistente en un trióbolo (unos 2,16 g. de plata). 

Aunque los periodistas liberales intenten explicar a políticos como Donald Trump, Nayib Bukele, Jair Bolsonaro o Álvaro Uribe (que ejerce el poder tras la ridícula figura de Iván Duque) como algo particularmente novedoso y que exige de nuevos términos para ser explicado, lo cierto es que responden a una práctica tan vieja como Atenas: la demagogia. Vemos, asimismo, que ésta necesita del respaldo de los sectores más atrasados de la sociedad. Para ello, se hace necesario entrenarles en la fidelidad y obediencia a un líder, así como en la adhesión a unos dogmas sencillos que deberían ser la garantía del mejor de los mundos posibles, cualquier otra cosa será opresión o tiranía. Para lograr esto se conceden pequeños beneficios o privilegios al sector más entregado de esos fieles. El ejemplo de Las Avispas, por su visión conservadora y por responder a una sociedad basada en un sistema económico mucho menos productivo y complejo que el actual, nos permite ver el proceso con extrema sencillez. En este sentido, hay que recordar que, si bien la práctica de la demagogia es antigua, sus métodos evolucionan con la realidad histórica. Así, la veremos desarrollarse con nuevo aire en manos de Julio César, primero, y luego de Napoleón Bonaparte.

Pero volvamos a Tiracleón. Tras la ovación que recibe su padre por parte del coro que ha encontrado su argumentación invencible, el hijo hace el cálculo de los ingresos de la ciudad y lo compara con el sueldo anual que reciben los jueces. Así, el trióbolo resulta ser una cantidad ínfima para los jueces, con respecto a lo que reciben los políticos a los que apoyan. El resultado es que aunque podrían, no se hacen ricos por dejar que se aprovechen de ellos los demagogos de turno.

Teatro de Dioniso. Atenas, Grecia


El corifeo le da la razón a Tiracleón. Éste le propone a su padre que haga de juez su propia casa. El primer caso que le presentan a Filocleón es el de uno de los perros de la casa que se ha comido un pedazo  de queso. Su hijo asume la defensa del animal.  Tras esto, se da la primera parábasis: el momento en el que los actores se retiran de la escena y el coro expresa al público la "línea editorial" del poeta. En este caso, expone su honestidad, su lucha contra Cleón y reprocha al público no haber sido premiado el año anterior.

De vuelta a la escena, Tiracleón intenta persuadir a su padre de asumir hábitos más civilizados. Al no lograr que se comporte como un hombre de sociedad, le propone emborracharse. Padre e hijo se retiran a hacer lo propio y esto da motivo a otra parábasis que incluye una burla Arífrades, un tipo que era considerado un degenerado por su afición a libar las secreciones femeninas. 

Llegamos entonces al cuarto y último episodio de la obra: por Criado 2, nos enteramos que Filocleón resultó el borracho más violento en una reunión de gente del círculo de Cléon. El viejo entra acompañado de una flautista desnuda y de las víctimas de sus maldades. Éstas presentan sus acusaciones y Filocleón se las toma todas a burla. Luego de una última canción, el anciano sale a escena, borracho, disfrazado del Cíclope de Eurípides y acompañado de su hijo. Desafía a los poetas trágicos a un concurso de baile.

W. Dörpfeld & E. Reisch. Plano del Teatro de Dioniso como pudo haber sido a fines del s. IV a. C., 1896 


El giro del primer episodio de la obra es realmente ingenioso y efectivo: una auténtica conjugación de peripecia y reconocimiento. Empero, luego la acción avanza sin poder levantarse con mucho éxito. Recuerdo que la doctora Marta Zátonyi en sus clases de estética en la EICTV llamaba a Aristófanes "el Beavis & Butthead de la Antigua Grecia". Quizá exageraba pero, en este caso, es claro que a lo largo de la segunda mitad de la obra el poeta necesita del chiste procaz para mantener el interés. Tras esto también hay una razón dramatúrgica: consciente el hombre "peor" de que la corrupción política de la que creía lucrarse realmente le perjudica, resulta que esta consciencia no le reporta ningún auténtico cambio, la única alternativa que le queda es entregarse a la borrachera. La visión conservadora del poeta se opone a toda posibilidad de cambio o mejoramiento en el hombre "peor" —un eventual cambio implicaría una revolución  y lo único que se puede esperar de él ante la corrupción política es que, tras ser consciente de ella, responda con burlas. Aristófanes no termina siendo muy distinto del Cleón del que hace mofa: busca la complacencia de una masa en la que no tiene auténticas esperanzas. La versión farsesca de esto en nuestros días es el uribista, bolsonarista o similar que ataca cualquier alternativa al capitalismo acusándola de restringir libertades, valiéndose de métodos tan democráticos como el ataque personal, la acusación basada en mentiras y falsificaciones, o actos de clarísima tolerancia como ordenar un: "entonces vete a vivir a Cuba".

Parte del trabajo político que exigen estos tiempos, consiste en desenmascarar la demagogia en todas sus versiones. El desgaste sufrido por Las Avispas en su paso por la historia demuestra que es un error quitar la máscara sin analizar críticamente lo que ocultaba. Esto es, en la práctica, definir qué intereses de clase defiende cada proyecto demagógico y lograr una caracterización efectiva de los mismos. Si bien la prensa liberal prefiere quedarse en la búsqueda de términos coloridos que se puedan reciclar, cada vez más son las voces que parten de teorías sólidas para someter a crítica su realidad inmediata y, a partir de este proceso, desarrollar métodos y estrategias para transformarla. Sirva de ejemplo la posición de la Corriente Marxista Internacional con respecto al concepto de populismo. Es importante que quienes hoy estamos aprendiendo a contar historias abramos nuestros oídos a estas voces. La ficción no responde a una realidad aparte. Narrativa, dramática o cinematográfica, es también una expresión de las contradicciones materiales. Entender esto puede ser una vía para conectar más profundamente con un público que empieza a aburrirse de la comedia que se pliega a su deseo y espera de ella retos estéticos. No tiene sentido jugar a ser complaciente cuando la realidad no lo es.

De nuestra parte, sumamos esta obra a la lista de aquellas a las que es necesario volver. Por supuesto, necesitamos y agradecemos de ante mano cualquier sugerencia, aporte, pregunta o comentario que, a este respecto, venga de nuestros lectores. Para esto, pueden escribirnos a nuestro correo electrónico: musaxxparadisiaca@gmail.com

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