MATERIAL ENCONTRADO: "Creciendo con las películas" (III)
Tercera parte de la traducción del artículo de Photoplay sobre Florence Lawrence.
Aquí las partes primera y segunda.
Por Florence Lawrence con la colaboración de Monte M. Katterjohn
La compañía de repertorio dio muchas presentaciones de obras patéticas como East Lynne y Dora Thorne, y estas parecían deprimir a la "pequeña Flo", al punto que frecuentemente lloraba hasta quedarse dormida. Le dijo a su madre que no creía que debería hacer llorar a la gente porque ellos no se sentían bien cuando lloraban. El incidente afectó tanto a la señora Lawrence que, desde entonces, las obras más patéticas fueron abandonadas de su trabajo casi totalmente.
E incluso hoy, cuando la señorita Lawrence representa lo que en la jerga de los estudios se conoce como una escena sentimental, ella derrama verdaderas lágrimas y llega a elaborar su personaje de tal modo que la hace vitalmente auténtica, incluso a pesar del considerable costo emocional para ella. Una atmósfera de realidad penetra al estudio por completo afectándolos a todos, desde el protagonista hasta los muchachos de utilería, y lágrimas de verdad fluyen libremente. Tales escenas dominan frecuentemente a las señorita Lawrence por muchos días y la afectan al punto que ella es incapaz de trabajar. Su director nunca le permitirá aparecer en una escena en el lecho de muerte.
Fue sólo hasta hace poco que la señorita Lawrence leyó penosamente una historia real sobre una jovencita que se volvió drogadicta. Tuvo un efecto tremendo en ella y unos pocos días después pidió que se comprase y adaptase al cine la historia para que ella pudiese encarnar el rol de la chica desafortunada, llevando así la maldición de la cocaína y la morfina vívidamente al público.
En un reciente estreno Victor, A Singular Cynic, ella hizo una personaje de comedia ligera a la perfección
Su director ha observado cuán intensamente la señorita Lawrence ha estudiado al personaje y cuán fuertemente creyó poder encarnar el rol y así agitar el sentimiento del público, pero temía la postración nerviosa que pudiese resultar de llegar al personaje y, por ello, él se opuso enérgicamente apartando finalmente el tema de su mente al despertarle interés en una obra cómica y juguetona, de aquellas que muestran a una joven doncella como una coqueta desesperada, desdeñando al pretendiente que más ama con el que podría reconciliarse después, y esta atrajo su naturaleza caprichosa con más fuerza que la historia de drogas a su lado serio. Por lo menos, la comedia ganó.
«Pero si no hubiese tenido ese argumento de comedia en la punta de mis dedos, ella habría dado vueltas a las historias de ficción de la chica desafortunada hasta que hubiese hallado su camino», me dijo el director.
La educación de la "pequeña Flo" no fue subvalorada porque su madre fuese una actriz. La señora Lawrence, que no se oponía a que su hija estuviese en el escenario, temió que pudiese formar un fuerte rechazo a la escuela. Tampoco creía que "Flo" estaría contenta de estar lejos de su madre mientras asistía a la escuela. Aunque aún dirigía su propia compañía de repertorio, la señora Lawrence se mudó de Hamilton, Ontario, siendo su muchachita aún muy joven, a Buffalo, Nueva York, donde su hija emprendió sus estudios como cualquier otra niña. La señorita Lawrence vivía con su madre una parte del tiempo, parientes y amigos cuidaban de ella durante la ausencia de la madre. También había dos hermanos mayores para cuidar de "Flo" pero su madre dice que ella nunca necesitó a nadie que la vigilase.
A ella le encanta interpretar el papel de madre. La escena mostrada aquí es de una película llamada The Influence of Sympathy
De hecho, fue sorprendente para la madre notar que desde el momento en que Florence entró a la primaria, fue una alumna muy apta y leía cuidadosamente sus libretos en la noche hasta que había terminado de preparar todas sus lecciones para el día siguiente. A pesar de su naturaleza estudiosa, ella era un poco fastidiosa para sus profesores. Le gustaba lanzar bolas de papel, cuchichear, hacer caras a espaldas del maestro y cometer todas las otras faltas inocentes, propias de los recintos escolares. Ella estaba llena de vida y ánimo y, a veces, se empeñaría en hacerse querer de sus profesores, sólo para desplegar repentinamente una terquedad tan invulnerable como el Peñón de Gibraltar. Era vivaz y alegre, y amada de sus condiscípulos porque estaba haciéndoles reír constantemente.
Cuando llegaban los programas de vacaciones, que consistían en recitar versos y entonar canciones, la "pequeña Flo" era siempre la animadora principal. Aunque no asumía la seria tarea de ayudar a organizar los programas, en la práctica, participaba y ayudaba a sus amigas. Sus profesores sabían que eso era mejor que intentar decidir exactamente lo que "Flo" debería hacer, ya que siempre elegía sus propios discursos y canciones muchos días antes e informaba a su maestra de sus planes. Frecuentemente declamaría su discurso o cantaría su tonada con anticipación. "Curfew Shall Not Ring Tonight!" era una de sus favoritas. Si sus espectadores aplaudían, ella respondería con un bis, con encantador entusiasmo.
La señorita Lawrence pasó su niñez en la ciudad de Buffalo y se graduó de la escuela No. 10 de la avenida Delaware. Inmediatamente después de terminar su curso escolar, volvió al escenario, permaneciendo ante las candilejas hasta que su madre cerró la compañía de repertorio cuando tomó el trabajo en las películas.
La madre de Florence Lawrence fue una de las mejores actrices de su tiempo, y aunque claramente se inclinó a hacer comedia, hizo algo de su mejor trabajo interpretando roles más serios. Era la más versátil y, como actriz principal de su propia compañía, produciría toda clase de obras, comedias, dramas, melodramas y tragedias; había interpretado no menos de quinientos personajes diferentes. Demostró ser una verdadera artista cuando llegaba maquillada para personajes como una vieja bruja, una "dama pintada" o una severa madre de Nueva Inglaterra.
La Fortuna no fue amable con la señora Lotta Lawrence y fue una lucha para ella criar a sus dos hijos y a la "pequeña Flo" hasta que se pudiesen cuidar de sí mismos. En años recientes ha sido afortunada. Se ha convertido en una mujer de negocios y comercia bienes raíces y terrenos agrícolas. Ha invertido sabiamente y ha sacado provecho del desarrollo de los recursos minerales de ciertos sectores de Canadá. Reside cerca de Toronto, visita a su hija en Nueva York y en su granja de New Jersey muchos meses cada año.
«Cuando Florence era sólo una niña pequeña,» dice la madre, «le dijo a Daniel Sully [1855-1910], el archiconocido mánager de actores, que iba a convertirse en una actriz famosa cuando creciera. Ella hablaba honestamente de esto también.»
«'Entonces debes ser mi actriz principal,' dijo el señor Sully, con lo que la chica estuvo de acuerdo. Ella tenía menos de cuatro años en ese entonces.»
«Florence ha sido siempre muy ambiciosa y siempre se ha esforzado por algo grande y bueno. Cuando niña, desplegaba una ambición tan indómita que no dudaba por un minuto que fuese a convertirse realmente en una actriz famosa. Cuando emprendió el trabajo en las películas estuve inclinada a desconfiar de él. Ahora estoy contenta de que ella lo haya hecho, aunque entonces mi mente estaba enfocada en que ella siguiera haciendo carrera en el escenario luego de que me convenció de que nunca estaría satisfecha con cualquier otra clase de vida. Soy lo que algunos llaman una actriz de la vieja escuela e, incluso hoy, estoy inclinada a pensar que mucho de lo que ocurría en mi época era muy superior a lo que se practica hoy; pero aún estoy convencida de que es posible ahora para uno ganar mayor fama en el campo de las películas de lo que alguna vez fue, o es posible, en el teatro.»
El primer encuentro que se tiene con Florence Lawrence es bajo la naturaleza de un reajuste pero es nada menos que refrescante. Uno preferiría esperar encontrar alguien más grande, una persona más madura de lo que es la señorita Lawrence. Aunque al mismo tiempo casi que se la imagina saliendo de la pantalla hacia usted.
La damisela está acostumbrada a establecer una construcción equivocada sobre la actitud de sus amigos cuando la conocen por primera vez, ya que siempre siente que la gente se decepciona de ella.
La decepción, por el contrario, es el último sentimiento al que cualquiera estaría abierto ya que ella es todo lo que la cámara muestra que es y más. Toda la espontaneidad y encanto natural están ahí en carne y hueso, y ella demuestra el ideal de vida de aquellos que la han admirado en la distancia. Es una personilla muy franca, como una delicada pieza de porcelana de Dresde en apariencia, imbuida de mucho espíritu y vivacidad. Después de conocerla y hablarle, uno siente, no sólo que ha conversado con la mayor actriz cinematográfica de los Estados Unidos sino, además, que se ha encontrado con una mujer de logros brillantes, una que es ampliamente adecuada para convertirse en una líder en las gigantescas tareas mundiales que nos convocan.
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