"LOS PÁJAROS" HUYEN


Por Jonathan Fortich


El Paro Nacional —que apoyamos hasta sus últimas consecuencias—, nos tomó por sorpresa y nos obligó a replegarnos para organizar nuestras ideas en un momento que ciertamente es excepcional en la historia de Colombia. Por esos días preparábamos nuestras reflexiones sobre Los pájaros, de Aristófanes (444-385 a. n. e.) y, al final de aquella jornada del 28 de abril, nuestras notas parecían viejas, sucias y gastadas. ¿Valía la pena referirse al teatro de la Antigua Grecia mientras en las calles el Pueblo enfrentaba la violencia del Estado? Junto a esta pregunta llegaban mensajes y llamadas de diversas esquinas del globo, también de varias facetas de la vida. Por todas partes se enredaban las preguntas y la solidaridad. Gracias al marxismo, los miembros de este colectivo hemos podido tener desde el principio una evaluación de los acontecimientos; en ese sentido, ha resultado de gran utilidad seguir las publicaciones de la página de Colombia Marxista, sin embargo, colegas y amistades más próximos al idealismo subjetivo han pasado momentos difíciles.

Luego de un mes de movilizaciones, desde diferentes sectores se planteó la necesidad de la formación política. Algunos lectores nos preguntaban por el silencio de este espacio. Nosotros, sin poder responder, poníamos en orden los archivos, buscando llegar a la mejor lectura posible de la coyuntura. Después del segundo mes de acciones en las calles, la marea comenzó a bajar. No necesariamente anunciando un fin de la movilización, más bien, como resultado de una necesidad consciente de hacerse preguntas. Estas se formulan en silencio y en pequeños círculos, todavía las ideas aparecen esparcidas sin un orden. Siendo así, consideramos que vale la pena volver a los griegos: esa sociedad que llegó a conquistar tiempo para pensarse. Hoy, cuando todo lo que en Colombia nos habían enseñado a mirar con admiración es derribado o visto con sospecha, nos parece importante dirigir un momento la mirada a Piopío de las Nubes, la fantástica ciudad, cuya fundación ocupa al argumento de Los pájaros.



H. Gillard Glindoni (1852-1913). Una presentación de Los pájaros de Aristófanes


Recordando que hoy sólo nos quedan once obras de este poeta, a cuyas Avispas nos hemos referido antes, notamos una auténtica. Por supuesto, no deja de ser Aristófanes el conservador que ve en la democracia un medio inevitable para llegar a la burocracia y la corrupción. Sin embargo, el nivel de ingenio de su sátira llega a un punto tal que para muchos expertos de hoy, es una obra que se ha interpretado hasta el exceso. Baste esto para invitar al lector a su disfrute y que le dé el sentido que mejor le parezca. 

Los pájaros (a veces también traducida como Las aves) se desarrolla en un paraje desierto. Allí aparecen Evélpides y Pistetero llevando un grajo y una corneja. Éstos saben qué camino llevan y cuál es su destino. Nuestro par de mortales, en cambio, ni siquiera saben dónde se encuentran. Lo que tienen claro es que ya no quieren habitar en Atenas, su patria. La corrupción y la burocracia que imperan ahí les resulta tan repulsiva que marchan dispuestos a fundar una nueva ciudad. Dialogando con una abubilla que era antes Tereo, rey de Tracia—, Pistetero le propone fundar una ciudad para todas las aves. La idea es aceptada y el ritual de fundación, naturalmente, está marcado por la contradicción y la sátira. A Piopío de las Nubes, la ciudad recién fundada, llegan entonces los males de Atenas y de tantas otras ciudades: sacerdotes, poetas, recitadores, burócratas, vendedores de decretos (equivalente de nuestros actuales periodistas) y, todo ello resulta porque este nuevo lugar prospera. Todos estos elementos son despachados por el ingenioso Pistetero que, luego, se da cuenta de que su iniciativa ahora desafía el poder de los dioses. Estos llegan a enfrentarlo pero él les plantea un negocio tan bueno que conquista para sí, literalmente, la Soberanía.

Algo que podría pensarse es que Aristófanes llevó sus propias fantasías a un nivel superior. Ya en La Paz (421 a. n. e.) había hecho al viñador Trigeo de Atmoneo liberador de la Paz. Ahora, hace que al muy vulgar Pistetero los dioses le otorguen la Soberanía por consorte.


Los pájaros de Aristófanes representada por miembros de la Universidad en el teatro Real. Cambridge, 1883  


Siendo estos tiempos unos en los que a la mayoría nos despojan de todo, tiene que resultar grata la historia de un hombre del común que, gracias a su ingenio, logra que los mismos dioses lo lleven a conquistar la Soberanía. ¿Y qué decir cuando la obra se lee desde un país colonial? Aunque su punto de vista pueda resultar conservador, inspira. Aunque se burle del hombre común que se atreve a pensar en grande, ¿por qué no pensar en grande? ¿Porque más que grande parece absurdo? Toda gran idea, en un primer momento pareció absurda.

Los sueños comunes de las democracias modernas, parecían sólo fantasías para la escena al conservador Aristófanes. De hecho, Pistetero y Evélpides huyen de una democracia con la que no están de acuerdo. Para ellos, el ejercicio de la democracia no es más que una pérdida de tiempo en discusiones y en promover actos de corrupción a favor de los peores políticos. La exageración es parte natural de la comedia y, en ese sentido, entendemos que toda sátira debe tener algún sustento real. La democracia ateniense no era un régimen perfecto y sus yerros llevaron a Aristófanes y a muchos otros a desconfiar de ella. Por supuesto, no propone tampoco una solución a los problemas políticos más allá de las vías de escape que propone la comedia: la embriaguez y la fantasía.

Hoy la ventaja de la distancia histórica nos permite entender y evaluar críticamente a la Antigua Grecia. Allí encontramos varias contradicciones que definirán mucho del desarrollo de las sociedades posteriores. La primera y, quizá determinante, es que ese espacio para cuestionar el poder político, que podríamos homologar a nuestra moderna "libertad de expresión", sólo fue posible gracias a que una parte considerable de esa sociedad estaba sometida a la esclavitud. Según el traductor Stephen Halliwell: "Aristófanes creció en un momento en el que Atenas estaba cerca al cénit de su poder y autoridad en el mundo griego, durante una era de vida política y cultural dominada por el liderazgo de Pericles." (Aristophanes. Birds and Other Plays, p. XIV). A su vez, para incrementar el número de esclavos y su influencia política y comercial en el Mediterráneo, Atenas promovía todo tipo de guerras. Esta actividad bélica, resultante de aquella democracia, resultaba repulsiva a Aristófanes que la atacó en varias de sus obras.


Santi di Tito. Retrato de Niccolò Machiavelli, s. XVI


La burguesía retomó la idea de la democracia en el siglo XVI pero bajo una configuración que se inspiraba más en la República de Roma que en Atenas, como se puede evidenciar en la obra de Maquiavelo. Desde los días de la Revolución Francesa la burguesía ha endulzado los oídos de los trabajadores hablándoles de la democracia, "el poder del pueblo". Sin embargo, cuando un estado quiere adelantar una acción militar no lo decide en una reunión de todo el "demo", o por usar un término moderno, de la ciudadanía: lo deciden los representantes de los intereses de la burguesía y del imperialismo; esos a quienes nos solemos referir como "los políticos". Algo de ello nos ha dejado ver el Paro Nacional: a la hora de definir quién va a asumir los costos de esta crisis, la decisión la toma el Gobierno y sus agentes que, por supuesto, jamás asumen la responsabilidad de sus graves errores. A este modo de manejar el país, la burguesía lo llama democracia; a nuestra indignación, vandalismo.

Las ideas que inspiraron a la Revolución Francesa no tuvieron una continuación desarrollada y consecuente. Aquellas ideas que se proclamaron como principios para promover mejores sociedades, sólo llegaron a tener en la práctica un carácter decorativo. Desde hace un siglo son el arsenal preferido de los demagogos. La actual crisis que se vive en todos los países hace ver cada día a más trabajadores que se incrementan los antagonismos entre poseedores y desposeídos, mientras que la producción se hace cada vez más anárquica. Esto está muy lejos de las reflexiones de Aristófanes que, seguramente al igual que la mayoría de hombres de su tiempo, veía con naturalidad la existencia de opresores y oprimidos. En ese sentido, se entiende que ante los problemas políticos sus soluciones sean la fuga, sea a través del vino o de la fantasía. En febrero de 1848, Marx y Engels, respaldados por un puñado de obreros, plantearon que la historia de todas las sociedades hasta nuestros días, es una historia de lucha entre opresores y oprimidos. 


Karl Marx, c. 1875

Algo de esto ya habíamos indicado cuando nos referimos a Prometeo encadenado. Sí, parece que al llegar a cierta edad se desarrolla la tendencia a darle vueltas a los mismos temas. Pero cuando se escribió aquello la desgracia no había llegado a las condiciones actuales. Tampoco ha pasado mucho tiempo y sí es evidente que todo está peor. Precisamos de un cambio y la situación no está para dejar soluciones al azar. Si no logramos construir el socialismo —que sólo se puede implementar a través de un proceso colectivo y consciente— nos amenaza la posibilidad de devolvernos al neolítico, o como se le llamaba en tiempos de Marx y Engels: a la barbarie.



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